Pálpito, por @RMsaven

Por cuarto año consecutivo, tras la losa al cuello de los 6 años de castigo de no pasar de octavos, como si de una tétrica máquina de tortura medieval se tratase, el Real Madrid ha pasado a semifinales de Copa de Europa (me gusta más llamarla así). 3 partidos para ganarla, para levantar la ansiada…décima. O a 2 partidos más para, no volver a  hacer el ridículo, sino simplemente de no ganarla, por que lo mismo es caer en octavos, cuartos o semis, ¿o tal vez no?. Hay matices, pequeños detalles y recovecos en cada cronología de cada eliminación que nos dicen que no.
Me viene a la memoria, que no retina, aquella portada de “AS” en la que auto-tituló a Mourinho como “Mourinho I el semifinalista”, cuando ya sabían que el cadáver del luso dormía en las profundidades del lago de Nueva Jersey como hacían las camorras de los años 30 con los no afines a su propio régimen. No era para menos, era su gran amenaza hecha presa, muerta y sepultada.
Lo cierto es que el equipo, con el genio táctico de Setúbal, llegó a ser competitivo (siempre le estaremos agradecidos), tras seis años de hincar la rodilla frente al  Lyon, Liverpool, Roma, Bayern, Arsenal y Juventus. El conjunto y José llegó hasta lo que le permitió el IQ de la plantilla, hasta donde pudo llegar. Se volvió a recuperar nuevamente la ilusión y sacar algo de pecho cada vez que sonaba el himno de la competición continental, se pudo volver a creer, se pudo volver a tener una tenue luz de esperanza, como la de un barco pesquero avanzando lentamente en la niebla. Pero por A o por B, por activa o por pasiva, el Real Madrid cayó en 3 errores en cada una de las semifinales, distintos pero con el mismo fondo, falta de madurez futbolística y mental en el terreno de juego; falta de pensamiento colectivo, de pensamiento en equipo. “Podemos vivir como equipo, o morir como individuos”.
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El primer año, frente al Barcelona, con contribución de la sociedad más mortífera y letal casi de la historia del fútbol, el Platini-Qatar-Villar-Unicef, todo esto con un pretexto y un chivo expiatorio más que justificado, la pasada de revoluciones de Pepe (algo a lo que nos tiene acostumbrados en partidos importantes/TOP/VIP), que sin ser falta, ni tocar a Alves, puede crear confusión, el colegiado lo vió, y como depredador hambriento, expulsión de Laveran, adiós concentración y adiós eliminatoria. El siguiente año, más de lo mismo, 1-1 en Munich,  el partido debe morir y casi la eliminatoria, los jugadores deciden verlas pasar, 2-1 y toca remontar, again. En Madrid, lo mismo, 2-0 a los 30 minutos, Pepe, decide de una jugada sin sentido interceptar un centro no sé de que jugador bávaro, mano, penalti y gol de Robben: 2-1. El equipo desfondado después del partido 4 días antes, donde se jugaban la Liga en Barcelona; tanda de penaltis, donde fallan especialistas: Kaká, Cristiano y Ramos (este un poco menos), otra falta de madurez y pensamiento colectivo. El año pasado, el más reciente, el despiporre defensivo en Dortmund, que casi se vuelve a repetir hace menos de 24 horas. Un Deja Vú que nos dejó perplejos. Yo no.
Esta vez no.
¿Por qué?, cuestión de Karma, como dicen muchos, a mi me gusta más llamarlo providencia, aunque me acusen de tardofranquista. Los 3 años previos, la gente hablaba de “Décima”, de que “esto está más que ganado” desde que las bolas del sorteo en Ginebra (corregidme si no es allí) de la fase de grupos daban vueltas sobre la inmaculada ensaladera translúcida, la gente ya se compraba la entrada en el Wembley, Istanbul y otra vez Wembley de turno. Este curso se ha empezado igual, pero esa piel del oso vendida antes de ser cazado se ha ido diluyendo como un azucarillo en una tetera con agua hirviendo a medida que pasaban las eliminatorias. Positivo, muy positivo. La explicación, muy fácil. Tenemos una serie de jugadores a los que hay que aguantar, aún no se muy bien por qué, tal vez nunca lo llegue a comprender; en los que en el mediático informe PISA tampoco sabrían ni renovarse el bono metro, por lo que como cándidos adolescentes se contagian de esa inagotable y para mí más que cansina y perturbadora costumbre del madridismo, el ganar lo que todavía no se ha jugado, como tal, todos los años ocurría lo mismo y batacazo, exceso de confianza y fracesita del faraón de Camas: “Pensaba que iba a ser más fácil”.
Ahora la coyuntura está más que trastocada, bordando el trastorno psicótico. Estamos en la otra orilla, la de los pesimistas. La afición duda del equipo, del entrenador, del juego, de los jugadores y hasta casi del proyecto, se ve fuera de la competición e incapacitado de hacer algo grande. Esto hace que se cree un halo de no favorito y de competitividad al equipo que hace que interiormente se crezca, con 2 precedentes que le avalan, la Séptima y la Octava, donde en lo último que se pensaba, al menos visto desde fuera, era que se podían conquistar ambos títulos.
Esto, lo mío, como todo en el fútbol, es un pálpito, una visión profética sesgada e intuitiva de lo que puede pasar, porque al fin y al cabo son 270 minutos lo que nos separa de la victoria, y “fútbol es fútbol y gol es gol” como dijo Boskov. Y como dije yo hace más de 2 años y lo sigo diciendo:
“La Décima vendrá cuando menos se la busque y se le espere”. Cuestión de Karma, cuestión de providencia. Un pálpito.

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